Espacio festivo y tensiones. Festival de Música Andina Colombina ‘Mono Núñez’; trigésima octava versión, año 2012

Espacio festivo y tensiones. Festival de Música Andina Colombina ‘Mono Núñez’; trigésima octava versión, año 2012

Visitar Ginebra en el Valle del Cauca en época de festival, se convierte en una oportunidad para disfrutar de un lugar, en donde además de deleitarse con la gastronomía valluna, los hermosos paisajes y la solidaridad y fraternidad de su habitantes, además se puede vivenciar y aprender acerca de las diferentes músicas colombianas.

La diversificación de espacios festivos, festivales y encuentros, ocurrida a través de los años en el festival, hoy hace que estén presentes de forma paralela al escenario central del concurso en el Coliseo “Gerardo Arellano Becerra”, el Festival de la Plaza, el Encuentro de Expresiones Autóctonas ‘Octavio Marulanda Morales’, los Conciertos Dialogados, el Encuentro de Música Infantil ‘Mateo Ibarra Conde’, la Feria Artesanal, la Tienda del Mono y el Encuentro o Concierto de Música Internacional, donde unos han permanecido en el tiempo con mayor o menor importancia en el marco del Festival de Música Andina Colombiana ‘Mono Núñez’ y otros han aparecido y desaparecido, a discreción de sus organizadores (como ocurrió con el Encuentro de Mujeres).

Lo que es evidente es que estos espacios festivos alternos, cobran importancia a la hora de valorar, analizar y comprender, lo que ocurre con las músicas en Colombia y el mundo, realidad un poco distante del un concurso, que cada vez aporta menos al conocimiento y apropiación de las músicas del país, por parte de la población en general, caracterizándose por su estancamiento y monotonía, salvo contadas excepciones. Aunque para muchos melómanos y melómanas y músicos con posturas tradicionalistas y conservadoras, el concurso continúe siendo el ‘templo de la autentica y verdadera música colombiana’.

En general lo que ocurre en Ginebra, es la expresión de lo que ha ocurrido en el país, por más de 500 años desde la llegada de los españoles, donde una supuesta élite que detenta algo de poder, promueve un sistema de ‘castas’ o ‘estamental’ guardadas las proporciones con la colonia; y en este caso, usa este evento musical y artístico, para apropiarse de algo que es de todas y todos colombianos (la músicas), lo hace cuando por ejemplo, excluye a los sectores populares, presentes en escenarios como el Encuentro de Expresiones Autóctonas ‘Octavio Marulanda Morales’, relegándolos a escenarios secundarios, itinerantes, sin las condiciones mínimas para realizar una buena presentación y sin la posibilidad de actuar en el coliseo al lado de los concursantes, aplicando una política de segregación y exclusión desde 1996, para las personas que son los descendientes de quienes dieron origen a estas músicas, bajo la excusa de que estos músicos de origen popular (campesino, obrero, afro, mestizo e indígena), no están en igualdad de condiciones para la competición con los músicos académicos.

Por tal razón los espacios alternativos, cobran relevancia, para quienes pretenden conocer y analizar a fondo las músicas, pues mientras los más tradicionalistas se envuelven tensiones y discusiones, para excluir a como de lugar a quienes no son ‘dignos’ del coliseo; los demás festivales, encuentros y lugares de interacción artística, aportan un universo más complejo y enriquecedor, que no solo se limita a las músicas llamadas ‘andinas’ que alimentan la ‘academia’, sino que ofrecen, músicas de diversas regiones del país (los llanos orientales, la costa pacífica, la costa atlántica, la amazonía y San Andrés y Providencia), además de músicas de Argentina, Uruguay, México, Inglaterra, Ecuador, entre otros países; haciendo posible ganar mayor comprensión teórica y práctica para músicos y espectadores, sobre la infinita riqueza, diversidad, belleza y versatilidad de las músicas y las artes en el mundo. Convirtiendo este conocimiento en potencialmente útil para el avance social.

Aportando además, algo que algunos en su frenetismo y esquizofrenia no alcanzan a entender, y es que, el festival al igual que los festivales griegos, romanos, célticos y medievales europeos o contemporáneos en buena parte del mundo, tuvieron o tienen una característica invaluable, y es el encuentro, el reconocimiento de los y las otras, el compartir, el intercambio y la solidaridad, donde se teje una urdimbre de suma importancia para la construcción de la sociedad.

Es en el encuentro, donde músicos y espectadores logran compenetrarse sin distinción y es posible construir lazos de interculturalidad, que posibiliten revalorar los demás escenarios, distantes de la competición y en algunos casos del egoísmo y la mezquindad.

Por estas razones y otras más, es agradable y reconfortante visitar Ginebra en los días del Festival, para recargar el espíritu de nuevas y renovadas energías tras haber descubierto o redescubierto nuevas músicas, personas, amigos, comidas, olores, colores y paisajes, en todos aquellos lugares que en su mayoría, no son visibles por medio del programa, ni las bases del concurso, y que deben descubrirse y encontrarse, dialogando y compartiendo, con los ginebrinos, turistas, periodistas, personal de servicios y músicos (nacionales y extranjeros), estrechando nuevos lazos de hermandad, construyendo nuevos referentes de identidad y reconociéndose a sí mismo y a los demás, como distintos e iguales en un mundo diverso.

Agregado en Investigaciones